IT FOLLOWS: LA HALLOWEEN DEL SIGLO XXI.

Quizás el título de este artículo, así, de primeras, no se entienda muy bien. Estoy aludiendo a Halloween, (o La noche de Halloween, como se la llegó a conocer aquí, en España, a principios de los ochenta).

Es decir, a la película, el clásico de John Carpenter que marco a toda una generación y que se puede considerar como el punto de partida de todo un subgénero o vertiente del horror cinematográfico: El slasher.
En el inicio de esta revisitación del Halloween de Carpenter, como me gusta remarcar, (aunque, eso sí, indicando que tiene una personalidad propia, como iré relatando), se puede ver a una chica que sale de su casa huyendo no se sabe muy bien de qué, pues nadie, que sepamos, la está persiguiendo.
¿Qué es lo que más me gusta de esta película y que tiene de diferente en relación a casi todos los demás slashers?
Pues esta es una pregunta fácil de responder: Aparte de su originalidad, (bendita originalidad, muy poco frecuente en estos tiempos de remakes y secuelas), los planos panorámicos, la profundidad de campo y también el fuera de campo, en lugar de los zooms, los primeros planos sin ton ni son y el hecho de pasar, casi de manera enloquecida e incesante, de planos generales a medios, de estos a américanos, y después a primerísimos planos, o al revés, o de unos a otros de estos planos a otros sin solución de continuidad, como es lo que hacen y en lo que caen muchas películas, en especial de este subgénero.
Eso sí, en mi pensamiento y en el de otros muchos entendidos cinéfilos no hay mejor y más magistral plano que el plano secuencia, (inolvidable el de Sed de mal, de Orson Welles y rescatado en la actualidad por el de True Detective, hacia el ecuador de la serie). Y otro tipo de movimiento de cámara que me gusta pero que para mí no llega a tanta predilección como el plano secuencia es el travelling, precisamente utilizado en Halloween por Carpenter para seguir de cerca al asesino Michael Myers.
Pero estoy divagando y debo volver a centrarme en este artículo, dedicado una de las mejores películas del género de terror de este año, It Follows, de David Robert Mitchell.
En It Follows el supuesto asesino psicópata no aparece, es invisible, aunque sólo en apariencia. Es como si estuviera únicamente en el subconsciente de los protagonistas, como una representación etérea de nuestros miedos más profundos, siendo un hombre del saco con el don de la ubicuidad. Y ahí está el verdadero punto fuerte y atractivo de la película: Su hondura psicológica. Puede parecer una película slasher más, de unos jovencitos que van siendo liquidados, uno a uno, por el asesino, pero no lo es, nada más lejos de la realidad.
No encontrará el espectador ni efectismos, ni muertes sin ton ni son, ni sangre o morbo a raudales, pero sí una película reposada, no apta para impacientes, que se cuece a fuego lento y muy bien planificada. Por desgracia, hoy en día no hay muchos aficionados a este tipo de películas. Pero yo, desde luego, sí que lo soy, y ferviente, por lo que espero seguir luchando por convertir a muchos de los aficionados al terror más truculento a este horror más psicológico, (no pierdo la esperanza), y a mi juicio, de más calidad.
Así pues, puedo afirmar que con It Follows el subgénero slasher recupera su dignidad, después de haber sido arrastrado por el fango con las secuelas de Viernes Trece, de la propia Halloween y otros sucedáneos, carente de toda originalidad, clónicos en suma.
Así que, ¿A qué estáis esperando a verla? No hagáis ni caso a los amigos que os digan que es aburrida, que es un coñazo. Hay que saber entender que el buen cine mide los tiempos con los espectadores, que los respeta a ellos y a su inteligencia, y que será durante los momentos que dichos espectadores menos se lo esperen cuando los sorprenda.
Y esto es, sin duda, lo mejor que tiene el cine, que es un arte hecho, además de para aprender y concienciar, para intrigar y emocionar
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YO CLAUDIO: UNA HISTORIA MÍTICA DEL ALTO IMPERIO ROMANO.

Antes que nada, tengo que agradecer a este Semanario, Las nueve musas, la oportunidad concedida de colaborar en esta publicación. Procuraré hacer disfrutar lo máximo posible a los lectores, pues será una señal de satisfacción para mí.

Este primer artículo he pensado en dedicarlo a uno de los pasajes históricos más importantes de Occidente, el correspondiente a la dinastía de emperadores romanos que más dio que hablar, la Julio-Claudia.
Y he decidido escribir sobre ello porque en nuestra época, más o menos contemporánea, han confluido dos libros del escritor británico Robert GravesYo, Claudio Claudio el dios y su esposa Mesalina; la grandiosa serie producida por la BBC que adapto la primera novela y una película que nunca llegó a realizarse, con el mismo título, dirigida por el granJosef Von Stenberg y producida por Alexander Korda.
De esta manera consigo hablar, en esta, mi primera colaboración, de Historia con mayúsculas, de cine y de una serie que parten de un mismo tronco común.
Desde pequeño, me ha interesado y gustado la Historia, (así, me recuerdo, en mi más tierna infancia, leyendo pasajes históricos que me resultaban apasionantes, de una enciclopedia), y uno de dichos pasajes que más me atrajo fue el de la dinastía Julio-Claudia, del imperio romano, que comprende los reinados de Octavio Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón.
El imperio romano, sin duda, supuso un antes y un después en la Historia, pues fue el primer imperio que llegó a concentrar sus dominios en tres continentes: Europa, África y Asia.
Y como se han encargado de demostrar varias películas, sobre todo realizadas durante la época del Hollywood clásico y alguna más cercana en el tiempo, contrastaban los mandatarios más prudentes y sensatos, (como los casos de Octavio y Claudio), con los de los más alocados, enajenados y corruptos, (representados por Tiberio, Calígula y Nerón).
Señalar que hasta que no he visto la serie, únicamente tenía constancia de estos datos e información.
Pero después, me ha sorprendido observar, entre los extras de la edición especial en deuvedé de la serie, el intrincado y complejo árbol genealógico de los Julios-Claudios. Creo que uno de los más difíciles de desentrañar y entender para cualquier persona que se apreste a ello.
Hay datos que, como mínimo, sorprenden en cierta proporción, como el hecho de que el endiosado Calígula fuera el bisnieto del excesivo y derrotado Marco Antonio, a la vez que también lo era de, ¡Octavio Augusto!
Y que el propio Claudio fuera el nieto de Octavio y el sobrino-nieto de Marco Antonio.
Es decir, que la familia del vencedor en la batalla de Actium, (Octavio Augusto), acabará emparentando con la del perdedor, (Marco Antonio), e incluso acordarán matrimonios entre ellos para preservar el poder, poniendo de manifiesto que el incesto y el nepotismo fueron el denominador común del imperio más grande conocido hasta entonces.
Respecto a la serie, cabe decir que sólo se me ocurre un adjetivo con el que calificarla, que es el de magistral.
Recuerdo algunos flashes, fogonazos sin más, de haberla visto en televisión cuando era pequeño por alguna reposición de la misma que hizo la segunda cadena de televisión española. Pero sin tener la conciencia plena del potencial y significado de la serie, que he descubierto plenamente ahora.
Dirigida por Herbet Wise y con guión de Jack Pulman, únicamente cabe quitarse el sombrero y admirar las magníficas y excelsas interpretaciones de Brian Blessed como Octavio Augusto, de Sian Phillips como la perversa Livia, (esposa de Octavio Augusto y abuela de Claudio), de George Baker como el cínico Tiberio, así como las histriónicas de John Hurt como Calígula y Dek Jacobier como el protagonista principal, el tartamudo y, sólo en apariencia, tonto Claudio.
El fuerte de la serie es mostrar las constantes intrigas y maquinaciones por el poder que se producían dentro de la que fue la familia más icónica del imperio romano, con los envenenamientos como marca de la casa, en especial, las realizadas por Livia.
Sí que en comparación con otra serie posterior, como es Roma, (que, cronológicamente se sitúa en un período histórico anterior, el relativo al primer y segundo triunvirato), se nota que el presupuesto a disposición de la producción era claramente inferior.
En Roma, por ejemplo, hay un equilibrio, e incluso un ligero predominio de las escenas de exteriores sobre las interiores.  Es decir, de las escenas de batallas y desfiles sobre las correspondientes a las intrigas palaciegas.
Mientras que en Yo, Claudio sucede al contrario: Las numerosas escenas de interiores contrastan con las escasas de exteriores.
Respecto a la película que se pretendía hacer basada en las dos novelas de Robert Graves ambientadas en la Roma clásica, no se pudo llevar a buen término debido a un accidente de tráfico sufrido por la actriz Merle Oberon que interpretaba a Mesalina, aunque también el gran Charles Laughton sufrió lo suyo al asumir el rol del tartaja y cojo Claudio, no resultándole fácil meterse en su piel.
En la serie Yo, Claudio, al visionarse se puede contemplar todo lo que resultó característico del imperio romano y que nos ha llegado hasta nuestros días: el poderío que ejerció durante siglos sobre la mayor parte del mundo conocido hasta aquellas fechas, las descarnadas luchas por el poder e intrigas palaciegas, así como la corrupción y las bacanales y fiestas que parecía que nunca iban a tener fin, como las que impulsaron emperadores como Tiberio, Calígula y Nerón.
En definitiva, y refiriéndome exclusivamente a la serie, una historia para verse varias veces, tanto en versión original como doblada, aunque bien es cierto que resulta más aconsejable la primera al poder cumplir un doble objetivo para cualquiera que se anime a ello: El aprendizaje del inglés y de uno de los pasajes más importantes de la Historia, con mayúsculas.
Desde luego una serie muy recomendable para su adquisición. No se pierdan la edición especial de deuvedé en cartón con muchos y variados extras.