Calle Cloverfield 10: El revival de la conspiranoia.

ARTÍCULO: CALLE CLOVERFIELD 10: EL REVIVAL DE LA CONSPIRANOIA.
La última película producida por el nuevo Rey Midas de Hollywood, J.J.Abrams, (ahora que Spielberg está afrontando ya la parte final de su carrera), me ha sorprendido agradable y positivamente, pues no deja de ser un proyecto de limitado y bajo presupuesto, pero que te mantiene pegado a la butaca hasta el final.
He de decir que al principio me hizo recordar, automáticamente, a una de las películas icónicas del maestro del suspense: Alfred Hitchcock.
Estoy hablando, claro está, de Psicosis.
Y es que, como sucede en la película del genio británico, es una mujer, (en un caso, la mítica Janet Leigh, y en el que nos ocupa, Mary Elizabeth Winstead), la que a través de un coche parece huir no se sabe muy bien de qué, si de su pasado o de su destino, (aunque soy consciente de que esta afirmación puede parecer un contrasentido para el lector, pues cualquiera que haya visto ambas películas sabe que en Psicosis la protagonista huye por haber robado una importante suma de dinero, mientras que en Calle Cloverfield 10, está escapando del acoso de su ex novio).
Pero también, en sendos casos, la huida se ve cortada, interrumpida inesperadamente…
Y, como por arte de magia, la protagonista despierta, aislada, en un búnker, convirtiéndose en la huésped de un inquietante y misterioso benefactor, interpretado de manera soberbia y contenida por John Goodman.
Llegados a este punto, hay que continuar destacando y resaltando la ambigüedad de este nuevo personaje, que acaba adueñándose del protagonismo de la función y de la historia, trazándose un gran paralelismo, con Psicosis.
Dicha ambigüedad, calculada, nunca deja de manifestarse a lo largo del metraje, no sabiendo determinar el espectador sino hasta el final, la bondad o maldad del protagonista, (algo que, dicho sea de paso, está muy bien abordado también en otra película que he visto recientemente, El regalo).
El círculo se completa un poco más tarde, con la inclusión de otro personaje que no dejará de ser secundario, trás las primeras horas de reclusión de la protagonista en una habitación.
A partir de ahí, de ese punto, la historia se va deslizando hacia una sucesión de buenos y malos momentos vividos y experimentados por los protagonistas, que acabarán resultando contradictorios.
El gran acierto que tiene la cinta es que el espectador llega a saber en ningún momento del todo si lo que ha sufrido la protagonista se trata de un secuestro, o bien, como muy convincentemente se encarga de reiterar el protagonista, se ha producido un cataclismo, un apocalipsis en la Tierra, con la consiguiente invasión extraterrestre, que además ha dejado todo, con sus poderosas armas, convertido en un erial.
Así pues, es una película que sabe combinar y conjugar muy bien la intriga con la ciencia ficción, aparte de estar aderezada con ciertos y bien distribuidos instantes de terror, coqueteando incluso con el subgénero de los psicópatas o serial killers.
Hay que indicar que el guión está muy bien construido, con apenas tres personajes y la maximización y aprovechamiento del espacio y, por ende, del presupuesto, muy acertadamente.
No obstante, hacia la parte final de la historia, la misma se descontrola un tanto, asimilándose a otras películas como La cosa y La matanza de Texas.
Podría considerarse a este último segmento como ya plenamente de ciencia ficción, como si fuera una pequeña gran película, (perteneciente a los blockbusters a los que de vez en cuando nos acostumbra Abrams), dentro de la película.
En resumen, Calle Cloverfield 10 es una película muy válida y entretenida, propicia para disfrutarla estos días de vacaciones y que nos hace recordar una época ya muy sobrepasada en el tiempo, como fue la de la década de los cincuenta, con sus pequeñas y artesanales películas de ciencia ficción, producidas y provocadas por la conspiranoia en la que estaba inmerso y sumergido el mundo debido a la guerra fría.

Advertisements

El holocausto en el cine y el hijo de Saúl.

ARTÍCULO: EL HOLOCAUSTO EN EL CINE Y EL HIJO DE SAÚL.
El en inolvidable, en el peor sentido, año mil novecientos cuarenta y cinco, no sólo se dio por finiquitada y terminada la peor guerra, el peor conflicto que ha padecido la humanidad desde su surgimiento, sino también significó el punto, (esperemos que final), a uno de los episodios más vergonzosos y degradantes de la Historia, el holocausto causado e infringido por los nazis a los judíos.
Durante los años que duro el conflicto bélico, y especialmente los últimos, el ejército alemán comandado por su iluminado líder Adolfo Hitler, encerró al pueblo judío en guettos y campos de concentración esparcidos por toda Europa y eliminó hasta a seis millones de ellos en lo que se dio en llamar la solución final, en las tristemente célebres cámaras de gas.
Así, campos de concentración como los de Birkenau, Buchenwald, Dachau y Auswitchz, han pasado a formar parte de la infamia para siempre, de aquello que nunca, jamás, puede volver a repetirse y de lo que Alemania deberá pedir perdón y no olvidar hasta el fin de los días.
Fue el descubrimiento por parte del ejército soviético, (que, por cierto, luego sus líderes cometerían tropelías semejantes e igual de atroces con los Gulajs), de estos campos, de las fosas comunes donde miles de cadáveres yacían, así como de los esqueléticos y famélicos prisioneros liberados, lo que reveló al mundo este horror.
Hecha esta apasionante aproximación histórica y centrándonos ya en la relación del holocausto con el cine, se puede afirmar que este de los campos de concentración fue un subgénero bélico que partió de películas más o menos épicas y edulcoradas, que no ponían el énfasis y el acento en los sufrimientos padecidos por los prisioneros, seguramente porque no se quería hurgar en una herida que era aún demasiado profunda.
Así, destacaron una serie de películas que relataban las apasionantes peripecias y aventuras de prisioneros aliados, (estadounidenses, ingleses, etcétera), que pergeñaban e intentaban espectaculares fugas.
Películas de los sesenta como La gran evasióny El puente sobre el río Kwai, e incluso una de las últimas películas, ya en los ochenta, del gran maestro John Houston, Evasión o victoria.
Pasada esta fase, un tanto ingenua y naif, es indudable afirmar que por fin hubo una película que entro en profundidad en el inmenso dolor y sufrimiento padecido por el pueblo judío, ya cincuenta años más tarde, cuando las heridas estaban cicatrizadas.
Se trata de la Lista de Schindler, de Steven Spielberg, una de las mejores películas de su filmografía y con la que tras años de ser ignorado, obtuvo un justo reconocimiento por parte de la Academia de Hollywood, con una buena colección de Oscar.
La historia, real, en la que se basa la película, relata la trayectoria vital durante esos convulsos años, de un empresario alemán, Oskar Schindler, (brillantemente interpretado por Liam Neeson), afiliado al partido nazi y que, sin embargo, gracias al trabajo en sus fabricas y factorías, fue capaz de salvar las vidas de miles de judíos enfrentándose a sus correligionarios, siendo por ello debidamente reconocido por el pueblo judío como justo entre los justos.
La película está rodada acertadamente en blanco y negro, pues acentúa el dramatismo de la puesta en escena, así como las interpretaciones de los actores, (entre los que también Ben Kingsley como el contable de Shindler, judío), y con una banda sonora magnifica. Desde luego, es emocionante de ver.
Espoleado por el ejemplo, otro destacado judío como Spielberg, se atrevió por fin, después de muchos años, a rodar otra película sobresaliente, (siendo un tema muy personal para Polanski, que le toco muy de cerca, pues estuvo en un ghetto cuando era niño), El pianista, que también se hizo merecedora de varios Oscar y que narra la historia de un músico superviviente de un campo de concentración.
Igualmente, resultan recomendables de ver algunas de las versiones que se han realizado de la famosa niña judía que murió en un campo de concentración y que plasmo sus dolorosas vivencias en unos diarios: Anna Frank.
Respecto al Hijo de Saul, hay que mencionar que incluso es una historia más cruda y dolorosa que la descrita en La lista de Shindler y El pianista, pues describe el día a día de un Oberkomando, (que eran los judíos a los que los nazis encargaban la limpieza de las cámaras de gas donde miles de los de su misma especie morían), un judío húngaro que cree ver en el cadáver de un niño a su propio hijo.
Relata las peripecias por las que atraviesa para conseguir que un rabino le pueda dar justa sepultura al tiempo que se ve inmerso en los planes de fuga de un grupo de sus compañeros.
Es una película que mancha, que te sumerge en el fango desde el principio y que hace sentir a cada espectador lo que debió ser la vida y la muerte de aquellos desafortunados judíos, sin el cierto distanciamiento de, por ejemplo, La lista de Shindller, pese a cierto hieratismo del personaje protagonista.

Una película que, si bien, no es apta para estómagos sensibles, no deja de ser aconsejable de ver.

El cine y las series y su relación con la política.

ARTÍCULO: EL CINE Y LAS SERIES Y SU RELACIÓN CON LA POLÍTICA ACTUAL.

Muy recientemente he tenido la ocasión de ver una película pequeña en presupuesto y acotación

geográfica, pero especialmente singular y diferente en el panorama cinematográfico, un tanto

estático, de nuestro país.

Se trata de B, de David Ilundain, que ilustra la comparecencia y declaración del ex tesorero del PP y presunto delincuente, (hay que respetar la presunción de inocencia), Luis Bárcenas.

Esta es una película basada en una obra teatral precedente, titulada Ruz-Bárcenas, de Jordi Casanova.

La acción se sitúa en un momento especialmente convulso y complicado, no sólo para el partido en el gobierno, sino también para la Historia de España, inmersa en una fuerte y terrible crisis, sumergidas en la misma por aquel entonces y de la que todavía estamos padeciendo sus efectos.

Es verano del año 2013, concretamente el 15 de julio, y el antiguo tesorero del Partido Popular da un giro inesperado en relación al caso y escándalo de su presunta financiación, conocido coloquialmente como, valga la redundancia, el caso de los papeles de Bárcenas.

Hasta ese día, y tras dieciocho jornadas en prisión, había negado toda relación con los famosos papeles publicados por un conocido periódico de tirada nacional, que llevan su nombre,

Sin embargo, transcurrido ese período de tiempo, no sólo Bárcenas afirmó que esos papeles de la presunta contabilidad B o en negro del Partido Popular eran suyos, sino que también y ante la sorpresa mayúscula del juez Ruz y de la sala de la Audiencia Nacional donde estaba siendo juzgado, cambió su declaración, aportando un amplio y extenso material documental, tanto en soporte físico como informático.

Esta es una película que retrata fielmente todo lo que aconteció ese fatídico día, con una muy cuidada puesta en escena, así como con una interpretación sobresaliente, brillante, de Luis Bárcenas, por parte del actor Pedro Casablanc, que aporta todos los matices necesarios para mimetizarse de forma asombrosa, con el personaje, (nunca mejor dicho)al que está encarnando, con su oratoria ágil y veloz, así como con sus descontrolados tics nerviosos.

La verdad es que cuando tuve noticia de que iba a realizarse una película así, de esta temática, en España, me costaba creerlo.

De otros países nos han llegado series que han obtenido gran repercusión, como son los casos de El ala oeste de la Casa Blanca, escrita por uno de los mejores guionistas del momento, Aaron Sorkin. Asi como House of cards, que en este punto aclaro que antes de la versión yanquyi, bajo la batuta de David Fincher y las brillantes interpretaciones de Kevin Spacey y Robin Wright, tuvo la primigenia producida por la BBC, (y que en opinión del que esto escribe, es incluso mejor). Y una tercera serie de la que no me quiero olvidar es la danesa Borgen.

Estas series y alguna más hacen un retrato muy adecuado y ajustado de lo que es el proceloso e imprevisible mundo de la política, con sus movimientos tácticos para desacreditar a los adversarios y rivales, sus engaños y traiciones, corruptelas, así como también lo difícil y complejo que resulta para la mayoría de los políticos y cargos públicos el hecho de poder compatibilizar adecuadamente su vida profesional con la familiar, (el tan traído y llevado término de la conciliación).

Como anécdota, recuerdo que hace menos de un año, le preguntaron a un joven director español afincado en Hollywood sobre una serie que fuera completamente diferente y nueva a las que se han venido realizando hasta ahora en España y él respondió al periodista que no estaría mal una que fuera parecida o del estilo de House of cards, dado que la corrupción es un tema que está a la orden del día en España y podría dar mucho juego.

El problema, en mi opinión, es que no concurren las condiciones y el clima de permisividad necesario y suficiente en este país como para realizar una serie así.

Si bien hemos tenido un intento loable en este sentido, como ha sido Crematorio. Esta es una serie más concentrada y que también se centra más en la corrupción urbanística, propiciada por los promotores inmobiliarios y los constructores, durante la época de la denominada burbuja inmobiliaria, que en en la corrupción política propiamente dicha.

Y en este diagnóstico coincidí con un compañero escritor durante la celebración del día del libro del año pasado.

Los poderes fácticos y mediáticos no permitirían una serie que supusiera un amplio Tratado de lo que es y ha sido una de las grandes lacras de este país, junto al paro y el terrorismo, la corrupción, y no ya tan sólo de estos últimos años, sino también desde la instauración de la democracia.

Por tanto, seguramente no habrá series dedicadas a los grandes casos y escándalos de corrupción que han asolado España, como Filesa, los GAL y los fondos reservados, la trama Gurtel, los ERES y los cursos de formación en Andalucía, el caso de la familia o clan Pujol en Cataluña, etcétera.

Y desde luego que adaptarlos, tanto a la pantalla grande como a la chica, daría mucho juego, resultaría harto estimulante e incluso podría contribuir a impulsar una mayor madurez democrática.

Pero hay que desengañarse, pues esto no se va a dar. Quién sabe si se hará en o dentro de unas décadas…

De momento, y no es poco, como se dice vulgarmente, nos podemos dar con un canto en los dientes viendo una película como B que, desde luego, recomiendo desde estas líneas, pues pocas veces la ficción, tomando como punto de  partida un hecho real, ha sido y resultado tan convincente y redonda.

La evolución del cine bélico a partir de la guerra de Vietnam.

LA EVOLUCIÓN DEL CINE BÉLICO A PARTIR DE LA GUERRA DE VIETNAM.

El género bélico es un tipo de cine que ha tenido un desarrollo claro y meridiano desde los inicios del séptimo arte.
Dicha evolución ha estado muy influenciada por los dos grandes conflictos del siglo veinte: La primera guerra mundial, (también conocida como “La gran guerra”), y la segunda guerra mundial, aunque también por la guerra de Vietnam.
Las primeras grandes películas correspondientes al género fueron filmadas y dirigidas por uno de los pioneros del género, David Wark Griffith: La fundacional, conservadora y racista, (por su defensa del Ku Klux Klan), El nacimiento de una nación y el documental El corazón del mundo.
Mientras tanto, al otro lado del mundo, en la recién nacida Unión Soviética, otro maestro del cine mudo, Sergei M.Eisenstein, rodaba octubre, acerca de la fallida revolución de 1905, película de corte pacifista y una acertada visión del mundo obrero. Y posteriormente, con la que sería conocido mundialmente, El acorazado Potenkim.
Otra obra maestra del período fue El gran desfile, de King Vidor, director longevo donde los haya, con una filmografía extensa y que llegaría al siglo de vida.
Una gran película, muy posterior, aunque también ambientada en la Gran Guerra, es Senderos de gloria, de Stanley Kubrick, abiertamente pacifista y muy crítica con el ejército francés, hasta tal punto que fue prohibida su exhibición en este país hasta un par de décadas después de su producción.
El auge y esplendor del género se produjo durante y después de la segunda guerra mundial, sobre todo, con fines propagandísticos en ambos bandos.
De Hollywood destacaron dos grandes obras, con mayúsculas, del cine: Casablanca, de Michael Curtiz, con unas grandes interpretaciones de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman. Y El gran dictador, del inimitable Charles Chaplin.
De Casablanca hay que resaltar sus grandes frases para la historia mientras que El gran dictador realiza una acidísima crítica de los nazis cuando éstos avanzaban, imparables y parecían invencibles, por los campos de batalla de Europa.
Pero fue a partir del ecuador del conflicto, a raíz del ataque japonés a la base estadounidense de Pearl Harbor, ubicada en las Islas Hawai, cuando el esfuerzo propagandístico de los norteamericanos se puso en marcha, a toda máquina, no tanto por equipararse con los documentales de la UFA germana, como El triunfo de la voluntad, de Leni Riefenstahl, sino por elevar la moral de las tropas después de unos meses traumáticos en los que el Imperio japonés realizó en el Pacífico una guerra relámpago muy similar y del estilo de los alemanes, de la Bliztkrieg, convirtiéndolos en la gran potencia dominadora de Asia, hasta ser frenados en la decisiva batalla de Midway, (que contaría con una película del mismo título).
Aparte de que también hubo directores, actores y técnicos de cine que fueron reclutados para defender a Estados Unidos de la agresión nipona y que posteriormente regresaron y, en base a las experiencias que habían vivido, sacaron adelante películas de exaltación patriótica, tanto en los años postreros de la guerra como en la inmediata posguerra.
No hay que olvidar tampoco otra gran película, aparte de El gran dictador, Ser o no ser, de Ernst Lutbitsch, una feroz sátira del nazismo.
Dentro del cine de propaganda y exaltación patriótica, destacaron un ramillete de películas como Bataan, Por el valle de las sombras, Destino Tokio y Objetivo Birmania, entre otros.
Ya en la posguerra y más centrada en las consecuencias del conflicto y sus secuelas sobre los excombatientes es digna de resaltar Los mejores años de nuestra vida, de William Wyler, con un protagonista alcohólico.
El cine bélico no experimentaría una nueva edad de oro hasta finales de los sesenta y principios de los setenta, aunque no hay que olvidarse de dar un buen visionado a Los cañones de Navarone,de J.Lee Thompson.
Las películas correspondientes a esta etapa pueden muy bien encuadrarse dentro del cine de evasión, de entretenimiento puro y duro, al cien por cien, con películas como Los doce del patíbuloy Comando en el mar de la China, ambas dirigidas por Robert Aldrich.
También el actor y director Brian G.Hutton fue autor de películas con grandes estrellas del momento, como Clint Eastwood y Richard Burton, destacando El desafío de las águilas y Los violentos de Kelly.
La última película que puede considerarse claramente como de exaltación patriótica fue Los boinas verdes, dirigida e interpretada por el mítico John Wayne, ambientada en la guerra de Vietnam y que, como las películas rodadas en plena segunda guerra mundial y las de evasión anteriormente mencionadas, se puede calificar como mitificadora y maniqueísta, con unos protagonistas buenos, muy buenos, y unos malos muy malos, valga la redundancia.
El proceso inverso, de desmitificación del género, se inició con la serie MASH, de Robert Altman, ambientada en la guerra de Corea, pero producida durante la posterior de Vietnam. Su éxito originó también una película homónima y filmada por la misma fecha.
El desastroso papel y la dolorosa derrota de Estados Unidos en el Sudeste Asiático propició una corriente muy crítica, con un cambio radical de mentalidad en las películas de género.
Las grandes películas de esta tendencia no llegaron hasta las salas hasta que se produjo una reflexión profunda, hacia finales de la década de los setenta.
Apocalypse Now, dirigida por Francis Ford Coppola, basada en la novela El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, merece capítulo aparte.
Otra película, en esta misma senda, es la oscarizada El cazador, de Michael Cimino, protagonizada por Robert de Niro.
Y El regreso, del incomprendido y talentoso Hal Ashby, con Jon Voight y Jane Fonda.
Ambas se distinguieron por abordar el siempre difícil y espinoso tema del retorno a casa de los combatientes, con traumas físicos y psicológicos, (especialmente emocionante resulta El regreso, protagonizada por un soldado inválido y cuidadora voluntaria)
Como comentaba unos párrafos atrás, Apocalypse Now merece una mención y un comentario aparte, no sólo por su gran director y su magno reparto, (con actores como Martín Sheen, Marlon Brando, Robert Dubai y Dennis Hopper, entre otros), sino en especial por todos los padecimientos y peripecias por las tuvo que pasar su equipo técnico y artístico para acabar la filmación.
Actores como Harvey Keitel, que tuvieron que dejar el rodaje y ser sustituido por Martín Sheen, que estuvo a punto de morir de un infarto.
Desencuentros con el gobierno filipino del dictador Ferdinand Marcos, por los helicópteros que aparecieron en la ya célebre secuencia de la cabalgata de las walkirias de Richard Wagner, y que tuvieron que ser devueltos para que el ejército luchará contra la guerrilla.
Tifones que destrozaron los decorados, problemas con la Productora por excederse del presupuesto, por la edición y el montaje de la película y por los continuos retrasos en la producción, que comenzó en 1976 y se alargó hasta su estreno definitivo, en 1979, en el festival de Cannes, donde consiguió la prestigiosa Palma de Oro.
Tampoco hay que ignorar la desesperación de Coppola, que incluso se vio obligado a poner a la venta muchas de sus propiedades y quedo arruinado, física y mentalmente.
Por ello, su afirmación de que Apocalypse Now no es una película sobre la guerra de Vietnam sino que es Vietnam, ha quedado plenamente justificada y, por ende, pasado a la Historia.
Otro director destacado del género fue Samuel Fuller, que participó en la segunda guerra mundial y cuya experiencia y vivencias en el conflicto fueron usadas y plasmadas como material en sus películas, sobre todo, en Uno rojo, división de choque, donde un comando norteamericano se ve envuelto en las campañas del Norte de África, Italia y Normandía, entre otros.
También destacaron otras películas como Casco de acero y A bayoneta calada, rodadas en la década de los cincuenta.
Oliver Stone, si bien en sus principios ejerció exclusivamente como guionista, ha sido el autor de una trilogía sobre la guerra de Vietnam, compuesta por las películas Platón, (premiada con cuatro Oscar); Nacido el 4 de Julio, memorable historia de un fervoroso soldado, protagonizado por Tom Cruise, que discapacitado se convierte en un activista contra la guerra, (reportando otro Oscar como director a Stone), y El cielo y la tierra.
Dentro de esta corriente crítica y de revisión hacia lo que aconteció en el conflicto de Vietnam y el trauma que supuso que la primera superpotencia del mundo por entonces fuera derrotada por guerrilleros comunistas, también está encuadrada La escalera de Jacob, de Adrian Lyne.
Tampoco Stanley Kubrick y Brian de Palma quedaron libres de dar sus particulares visiones y versiones de la guerra en el sudeste asiático, con La chaqueta metálica y Corazones de hierro,respectivamente.
Las últimas grandes películas del género, ya ubicadas temporalmente en las postrimerías del Siglo veinte y los albores del Siglo veintiuno han sido la críptica La delgada línea roja, de Terrence Malick: la espectacular Salvar al soldado Ryan, de Steven Spielberg. Y la entretenida Black Hawck derribado, de Ridley Scott.

Para concluir la última gran directora que ha vuelto a prestigiar el cine bélico ha sido Kathryn Bigelow, con sus películas sobre la guerra de Irak, (con En tierra hostil), y el enfrentamiento con la organización terrorista Al Qaeda y su líder Osama Bin Laden, (con La noche más oscura).

El Rey Arturo en el cine.

EL REY ARTURO EN EL CINE.

Si hay una historia mítica y legendaria acontecida en el Occidente europeo esa es, y con muchos

cuerpos de ventaja, la del Rey Arturo y sus caballeros de la mesa o tabla redonda, la de su bella

esposa Ginebra y su caballero de confianza y mejor amigo, Lanzarote del Lago, (que vino allende los

 mares, de la actual Francia, y que al convertirse en el amante de Ginebra, desencadeno la crisis que

llevaría al trágico final de la mágica y esplendorosa Camelot), la del inteligente y maquiavélico

druida y mago Merlín y la pérfida y malvada Morgana, la del ambicioso Rey Uther Pendragon, (padre

 de Arturo), y el cruel Mordred, (hijo de Arturo), así como de tantos honorables e inolvidables

caballeros: Galahad, Perceval, Bors, Tristán, Gawain, etcétera.

La eterna discusión que lleva existiendo desde hace Siglos es cuánto hay de realidad y cuánto de leyenda en esta historia.
Sí se sabe y se puede confirmar que fue entre los Siglos V y VI, después de la caída del Imperio Romano, cuando pudo vivir y cuando consiguió frenar y contener la expansión sajona en las Islas Británicas.
Pero profundizando un poco más, los elementos y sucesos que se pueden considerar reales se van mezclando y confundiendo con los ficticios.
Y esta confusión no ha sido, desde luego, ajena a las adaptaciones al cine que se han realizado.
Haciendo un paréntesis, antes de sumergirnos en el ámbito estrictamente cinematográfico, hay que resaltar que existe una rica y variada literatura artúrica.
El primer autor fue un misterioso monje que vivió no mucho tiempo después de aquellos Siglos oscuros, de la alta Edad Media, llamado Gildas.
La obra de Gildas no es muy profusa en detalles acerca del Rey Arturo, pero sí le llega a retratar como a un Rey cruel y despiadado, alejado de la imagen heroica que el transcurso de los Siglos le ha otorgado.
Sí que alude al mítico Muro de Adriano, que servía como frontera y barrera defensiva frente a las tribus bárbaras, sobre todo los pictos, a la caída del Imperio Romano y el abandono de los nativos britanos a su suerte, y a un acontecimiento capital como fue la decisiva batalla de Monte Badon, en la que Arturo y los britanos salieron triunfantes en detrimento de los feroces sajones.
Con posterioridad, hubo una serie de autores que fueron engrandeciendo y embelleciendo la historia de Arturo, (que tuvo un especial eco entre los trovadores y poetas que narraban sus hazañas de pueblo en pueblo, en plena Edad Media).
Destacaron Geoffrey de Monmouth con su Historia de los Reyes de Britania; Chretién de Troyes con el conocido ciclo de la Vulgata y ya en el Siglo XIX, Alfred Tensión, con Los idilios del Rey, un ciclo de poemas narrativos.
Todos ellos fueron incluyendo elementos que Gildas había obviado, como la existencia de Camelot y la tabla o mesa redonda, y el triángulo amoroso entre Arturo, Lanzarote y Ginebra.
No obstante, la obra más famosa acerca del Rey Arturo la escribió Sir Thomas Malory, titulada La muerte de Arturo, publicada durante la transición de la Edad Media a la Edad Moderna, a finales del Siglo XV.
En lo que respecta al cine, el Rey Arturo tardó en hacer su aparición en el séptimo arte, pues no fue sino hasta mediados del Siglo XX cuando se produjeron las primeras obras.
Dejando aparte películas que tocan tangencialmente a Arturo, como El caballero negro, de Tay Garnett y El Príncipe Valiente, de Henry Hathway, (aunque comparten el principal rasgo que voy a mencionar a continuación), la principal gran producción de la temática es Los caballeros del Rey Arturo, de Richard Torpe, épico melodrama caballeresco con una historia idealizada hasta el extremo y maniqueísta, pero al fin y al cabo una cinta de aventuras y entretenimiento puro y duro, que era lo que demandaba el público aquellos años. La protagonizaron Robert Taylor y Ava Gadner.
Avanzando más en el tiempo, ya en la década de los sesenta, destacaron una versión animada producida por Walt Disney y titulada en España Merlín, el encantador y el brillante musical Camelot, dirigido por Joshua Logan.
La película que desmitificó plenamente a las anteriores es la singular Lancelot du Lac, dirigida por el francés Robert Bresson, que se caracteriza por su minimalismo y escasez de medios, (de hecho, aquellos castillos relucientes son sustituidos por sencillas tiendas de campaña), y el surrealismo y la atmósfera onírica de algunas de sus secuencias.
Otra película aparte es la desternillante Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores, de los cómicos británicos Monty Python.
Y llegamos a la película que, sin duda, ha sido aclamada y proclamada como la mejor de todas las que se han hecho sobre el Rey Arturo, Excalibur, dirigida por el irlandés John Boorman y con una joven Helen Mirren interpretando a Morgana.
Como dato curioso, reseñar que, en un principio, Boorman tenía previsto, nada más y nada menos, que rodar una adaptación de El señor de los anillos, de J.R.R. Tolkien, pero resultaba tan ambiciosa que la tuvo que desestimar y, en su lugar, filmó Excalibur.

Finalmente, fue Peter Jackson el que bastantes años más tarde y contando con un impresionante presupuesto, realizó una trilogía basada en los libros de Tolkien.

Excalibur es una película rodada a partir de un guión firmado por Rospo Pallenberg y el propio Boorman, que adaptaron La muerte de Arturo de Sir Thomas Malory, centrándose en la leyenda artúrica como un mito donde son mostrados el origen, auge y esplendor, y la decadencia y declive de su reinado.
Esta película también se distinguió de las anteriormente comentadas por reflejar una Edad Media brutal y despiadada, sin la más mínima concesión al idealismo y que se acerca con mayor exactitud a los que debieron ser esos años oscuros del Occidente europeo, ubicados temporalmente entre la caída del Imperio Romano y las invasiones bárbaras.
La guerra civil y la batalla de Camlan entre Arturo y su rebelde hijo Mordred queda muy bien retratada en la película, aunque no así la otra batalla por la que Arturo se hizo famoso, la de la victoria contra los sajones en el Monte Badon, que apenas queda esbozada durante unos instantes.
Ya a mediados de los años noventa fue realizada una nueva versión titulada El primer caballero, dirigida por Jerry Zucker y protagonizada por los mediáticos Sean Connery y Richard Gere.
En este caso, nos encontramos con un Rey Arturo ya envejecido y que vuelve a recordar más a las clásicas y aventureras películas de los años cincuenta que a Excalibur.

Poco más tarde, Antoine Fuqua dirigió otra versión que se inclinaba por la teoría, tampoco

descartable, de que Arturo fue, en realidad, un General romano que lideraba como Comandante a un contingente de la caballería sármata.

Su título es El Rey Arturo:La verdadera historia que inspiró la leyenda.

Es otra cinta, plenamente aventurera y entretenida, protagonizada por Clive Owen y Keira Knightley,

La última película sobre el mito de Arturo, aunque también se aleja un tanto tangencialmente del

mismo, es La última legión, dirigida por Doug Lefler.En este caso, la historia alude al último, valga la

 redundancia, Emperador romano de la historia de Occidente, Rómulo Augústulo, que es depuesto

por el líder bárbaro Odoacro, que lo aprisiona en Capri, donde es rescatado por el fiel General Aurelio.

Los protagonistas viajan a Gran Bretaña, donde se ponen al mando de la mítica IX legión,

convirtiéndose Rómulo en el Rey Uther, el padre de Arturo.

La última legión es otra entretenida y trepidante película, como El primer caballero y El Rey Arturo.

Respecto a las series emitidas por la televisión, hay que destacar Las brumas de Avalon, (miniserie de

 la TNT); Merlín, (producida por la BBC). Y Camelot, (producida por el canal de pago Starz e

impulsada por el creador de Los Tudor, Michael Hirst).

Para concluir, indicar que en el verano del 2016 se estrenará una nueva aproximación al Rey Arturo,

dirigida por Guy Ritchie, y cuya intención es convertir la historia del mítico caudillo britano en una saga de seis películas.

El Rey Arturo, que murió junto a su hijo y enemigo Mordred en la decisiva batalla de Camlan, fue

transportado hasta la mítica y neblinosa Avalon, donde reposa de sus heridas y que, según la leyenda,

 volverá cuando Inglaterra lo demande.

Arturo, el Rey que fue y será.